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Rumor de sí

Rumor de sí, dedicado a su madre, que falleció poco después del inicio de su escritura, está formado por 76 poemas, ordenados en dos partes “Sonoridades” y “Bre-Viario” precedidas de un proemio y un epílogo. La autora afirma que los poemas vinieron a ella y aclara así su título: “Cuando vi lo que había escrito, lo que había producido, en ese momento lo vi claro: vi a mi abuela materna despertarme cada mañana, ahí había retazos de una vida. Recordé a mi abuela que me despertaba con esta frase que le decía a su hija, mi tía: ‘Carlota ya dio rumor de sí mi paloma’. Estaba claro que la paloma era yo. Rumor de sí significa ‘despertar’, ‘dar señales de vida’. Por eso, en honor a mi abuela y a todas esas personas de Moguer que usaron ese vehículo maravilloso de las palabras que hemos heredado, aunque hoy no se usen, elegí ese título".

Escritor
Colección
Roxana
Número en la colección
8
Materia
Poesía de poetas individuales
Idioma
  • Castellano
Editorial
Editorial Bucéfalo
EAN
9788412049220
ISBN
978-84-120492-2-0
Depósito legal
SE 1796-2020
Páginas
104
Ancho
10 cm
Alto
15 cm
Edición
1
Fecha publicación
08-10-2020
Bolsillo tapa blanda
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Sobre Cartes. Rosario F. (Escritor)

  • Cartes. Rosario F.
    Rosario F. Cartes es autora, asimismo, de los poemarios «Solo la muerte» (Padilla Libros, Sevilla 1998), «Retazos de azul entre las sombras» (Colec. Esquío de Poesía, Ferrol 2005) y «Las vueltas de la elipse» (Edic. En Huída, Colec. Crepusculario, Sevilla 2013). Su obra forma par... Ver más sobre el autor

Reseñas

  • Por Ana Isabel Alvea Sánchez.

    El hondo salto de las palabras de guardar o cómo levantar versos frente a las sombras

    Rosario F. Cartes es poeta y artista plástica, de raíces familiares en Moguer, lugar que lleva dentro, y se vislumbra en su poesía. Es autora de los poemarios Solo la muerte (Padilla Libros, 1998), Retazos de azul entre las sombras (Colección Esquío de Poesía, Ferrol 2005), Las vueltas de la elipse (Ediciones en Huida, Sevilla 2013) y, en 2020, ha publicado Rumor de sí, en la Editorial Bucéfalo.

    Nos aclara Rogelio Reyes Cano en su reseña publicada en «ABC» que «rumor de sí» es una expresión de Moguer para decir «dar cuenta de uno mismo» y resalta la influencia de Juan Ramón Jiménez en este libro de nuestra autora.

    Rumor de sí se inicia con citas de diversos autores referentes al cuerpo y al dolor, pero también a la pasión por vivir,al misterio y el espíritu, la memoria y la vida que nos forjamos, temas tratados en este libro.Un libro de aliento y de canto, a pesar de todo, en el que expone su sentir y su experiencia sobre el dolor y la enfermedad, con un fondo de voluntad, de luz y de saber percibir el milagrear de lo pequeño. Algunas vivencias avivan la toma de conciencia de nuestra brevedad y levedad en este mundo, y Rosario nos muestra un admirable y difícil camino de cómo subvertir el dolor corporal para centrarse y elevarse con la belleza, convertirse en una torre de luz. No obstante, como es normal, no elude el desasosiego y la angustia presentes.

    En el Proemio una declaración de intenciones: Vivirse: / ese es el vuelo. Y qué mejor modo de volar que ahondando.

    En su primer capítulo, Sonoridades, nos habla la memoria de lo originario y salvaje, cuyo pálpito lleva a la pasión por la escritura, a la escucha de todo aquello que da razón de una, a buscar las palabras propias –uno es las palabras que sabe-,los vocablos que se han vivido desde la infancia yvemos que están apunto de desaparecer. La autora desea que no se olviden esas palabras de guardar y continúe su transmisión de una generación a otra. Y en esa dicha de azulear, de nombrar y renovar los nombres, llega el dolor del cuerpo y la voluntad de elevarse y trascenderlo, resultando mucho más difícil remontar desde el dolor de la conciencia e imposible desde el dolor de la ausencia. Entonces, en lugar de expresarnos desde la dicha lo hacemos desde la herida, desde la plenitud y el vacío, desde los contrastes que nos otorga la vida. El camino de la vida y de la escritura es largo, arduo, ayuda a resistir hasta que una pueda convertirse en cigarra–ya el solo canto te asiste/ y te palpita-.

    En el segundo capítulo, Bre-viario, breve el tramo de camino. En él retoma su idea de cómo el lenguaje nos conforma, breve ramo de luz en el tiempo. Diferencia la vida -constante siembra y hermoso azar- con el mundo, viario de una herida larga, que nos lleva en volandas y cuyo peaje tenemos que pagar a diario, pero también sentimos cada día el hervor en lo cotidiano. Nos hallamos ante la dicotomía entre la hermosura de la vida y el pesar del mundo, grietas que mejor olvidar para abrirse a la vida y al misterio del amor, a su sueño de eternidad del instante, aunque quede en rescoldo de tinta, pero capaz detransformarnos. Y nos invita a compartir la alegría y a abolir el tiempo, vuelve en su memoria a la juventud, a Lisboa; nos invita ahilvanar con versos las sombras. En esta parte clama el rumor del otro.

    Finaliza con un epílogo, Ecos elementales,en el que apela al amor que da vida y no muere,a su madre y las huellas de su amor –Todo es ahora rumor de ti-, el rumor de la madre. Mientras el mundo, como dice el fotógrafo Sebastiäo Salgado es una historia de locos. Y aunque el mundo es injusto y deplorable,agradecer los prodigios del verbo, la vida y la Belleza, en equilibrio, porque la poesía nos salva y el verbo nos humaniza y nos comunica con los otros.

    Podemos encontrar variadas referencias culturales en los poemas: Federico García Lorca, Cernuda, la escultora Louise Joséphine Bourgeois, Val del Omar; a películas como La noche de la iguana…, una cultura vivida y sentida por la autora, quienes más le han conmovido y formado, porque la cultura también influye y constituye el ser que somos.

    Poesíalírica, elegante,honda, intensa, depurada, enraizada en este libro en la poesía pura, donde se mezcla el lenguaje de la tribu y el lenguaje culto, de luminosa plasticidad y visualidad . Y la escritura latente, levantando los versos contra las sombras, aunque sea largo su rumor.

    culturamas.es

  • Por Rogelio Reyes Cano

    Siempre que fui a Moguer —«el nido limpio y cálido» que abrigó en el curso del tiempo tantas soledades de Juan Ramón— me encontré gozosamente con esa aristocracia de vida que el autor de Platero descubriría en el «trabajo gustoso» de sus artesanos o en el bullicio de aquella calle de los marineros en la que nació y vivió sus primeros deslumbres infantiles. Es la misma finura que ofrece la arquitectura de su caserío, de una elegancia natural que el visitante capta apenas pisa el umbral de sus zaguanes, pórticos de paraísos interiores que funden sabiamente el sabor campestre y el buen hacer urbano. Nada tiene, pues, de extraño, que aquel pueblo entonces mitad campesino mitad marinero, cuna del más

    grande de nuestros poetas modernos, tuviese también en su hablar notas que eran inequívocamente suyas, giros y modos de expresión tocados por la gracia del genio popular que el paso del tiempo y la nivelación lingüística han ido desterrando de su horizonte. Sólo así puede entenderse que desde su exilio de ‘trasterrado’ en tierras americanas Juan Ramón añorase precisamente el andaluz de su madre, una mujer del pueblo cuyo recuerdo le traía el eco de aquellos sabrosos decires moguereños: «La única persona que habla español en español, el español que yo creo español, era mi madre, tan natural, tan directa y tan sencilla, cuya voz sigo oyendo debajo de la mía».

    Un exponente de aquel hablar es el título de un libro de poemas —‘Rumor de sí’— que acaba de ver la luz en la editorial sevillana Bucéfalo. Me lo aclara la autora del mismo, la escritora moguereña Rosario F. Cartes, una voz poética muy consolidada en el panorama lírico de nuestro tiempo que ya tiene tras de sí una fecunda estela creativa. No se trata, como podría suponerse, de una construcción metafórica culta en la que el término ‘rumor’ tendría la función atenuadora que lo distingue de la palabra ‘ruido’, sino de un curioso giro coloquial que significaba, sencillamente, ‘dar cuenta de uno mismo’. «Ya dio rumor de sí», se decía en Moguer para significar que alguien acababa de dar señales de vida, aplicándolo incluso a un hecho tan trivial como el simple despertar de una persona.

    Rememorando este uso, la autora ha querido condensar bajo este enunciado los estadios de un itinerario anímico que se despliega en el curso del tiempo en un autoexigente proceso de depuración conceptual y expresiva que pide una lectura de mucho empeño. Una depuración mental que no debe confundirse con ninguna suerte de hermetismo y que es más bien el resultado de un sostenido indagar en el alma de las palabras y en su incesante virtualidad comunicativa. Son poemas breves, muchos de ellos de aire aforístico, con una imaginería de mucha altura lírica y un léxico que integra la naturalidad en el decir con unos perfiles cultos pero nunca impostados; de contrastada estirpe cultural pero no culturalistas. Hay en ellos una hondura de pensamiento compatible con un decir llano y siempre elegante que incita al lector a indagar en el último mensaje de cada poema, concebido como una unidad de sentido de valor universal producto de una rigurosa reflexión. Todo un reto para los amantes de una poesía de hondo latido intelectual y alto compromiso verbal, un cauce de la mejor tradición lírica moderna por el que hoy son pocos los que transitan.

    Todo el poemario está alentado por dos ecos de estirpe juanramoniana: la indagación en la propia conciencia y el respeto al latido de la palabra esencial que nombrando crea, la fe en la poesía como reveladora del mundo. Esta introspección busca, a la manera de los místicos, lo más elevado en lo más íntimo, todo un programa de vida liberado de adherencias externas, tal como reza el poema más breve y posiblemente más condensado de todo el libro: «Vivirse: /ese es el vuelo». Un vuelo que en otro de los textos, también brevísimo, conduce hacia arriba justamente porque se dirige hacia adentro: «Alto apunta en lo humano/ de cada uno / el cultivo de lo hondo». Y en su sostenida dedicación a una operación de ‘nombradía’ —la tarea que en la conciencia de Juan Ramón justificaba la vida de todo auténtico poeta— su autora, deslumbrada por ese hallazgo, proclamará exultante el imperio de la palabra, asociada a la luz como metáfora reveladora de aquel primer nombrar divino creador de toda la existencia: «¡Y qué clara, a las leyes de la luz,/ la invitación a la nombradía. / Al fin y al cabo uno es las palabras / que sabe, / como es el tiempo / fluido sin contorno».

    Culmina así un nuevo vuelo poético de Rosario F. Cartes, alentado, como todos los suyos, por aquella apelación a la inteligencia de su genial paisano cuando reclamaba imperiosamente el «nombre exacto de las cosas». Un nombrar que en este caso se nutre también del rico hontanar léxico de su querida patria moguereña.

    ABC.es